TENEMOS MIEDO AL HAMBRE: por qué no debes temerla y cómo enfrentarte a ella
Seguro que has escuchado (o dicho) frases como “me tomo un snack a media mañana porque si no, llego con hambre a la comida” o “meriendo X para matar el hambre hasta que llegue la cena”. Te suenan ¿no?
También habrás escuchado consejos para “engañar” al hambre como por ejemplo comer chicles, tomar café o infusiones, distraerte para no comer cuando sientas hambre…
Antes de entrar en materia, vamos a ver hacer un ejercicio que siempre hago en la consulta: aprender a reconocer tus señales de hambre y saciedad. Quiero que te pongas la mano en el estómago y respires profundamente 5 veces. Ahora ¿eres capaz de decirme cómo sientes tu estómago?
Imagina esta escala de hambre-saciedad:

Idealmente, para empezar a comer deberíamos estar en un 3-4 y para terminar de comer en un 7. Y la mayor parte del día deberíamos estar en un 5, neutral, ni sientes hambre ni estás llena/o.
Dicho esto, vayamos por partes con los dos primeros apartados.
Si tenemos en cuenta la primera cuestión, yo te lanzo una pregunta: ¿qué problema habría en llegar con hambre a la comida o la cena? ¿Qué te comerías las lentejas con hambre? ¿Qué igual repites el plato de menestra? Aquí hablamos de un hambre 3-4, no de un hambre de 1.
El hambre es una señal fisiológica y si consigues identificarla, ¡enhorabuena! Tu cuerpo funciona correctamente. Nos han creado un miedo a sentir hambre que hace que sintamos culpa por ello y queramos enmascararla.
Por otro lado, ¡ojo! No estoy diciendo que si tienes hambre a media mañana o media tarde (hambre 3-4) no debas comer, de hecho te invito a hacerlo. Soy la primera que recomienda almorzar o merendar si tu cuerpo siente hambre a esa hora y no llegar con un hambre nivel 1 a las comidas principales. El problema viene cuando comes cualquier cosa por si acaso, porque hay que comer 5 veces al día o porque siempre lo has hecho.
Lo que comes entre horas, también puede marcar una diferencia clave para tu salud. Si te comes un par de mandarinas o un puñado de frutos secos pues oye, perfecto; pero si te compras una barrita de chocolate en la máquina del trabajo o unas gominolas en la tienda de chuches… pues igual hay que darle una vuelta al asunto.
Vamos con la segunda cuestión: ¿es necesario engañar a tu hambre?
Bueno, la respuesta corta es NO, si sientes hambre puedes (y debes) comer. Debemos alejarnos de la creencia de que para cuidarse hay que comer poco o que cuanto menos comas, mejor. El cuerpo necesita energía para vivir y funcionar correctamente; la comida para nosotros es como la gasolina para tu coche. Así que no, la próxima vez que sientas hambre (recuerda entre un 3-4 en las escala de hambre), no te hagas un café o te comas un caramelo para “aguantar”, come COMIDA que te nutra y te satisfaga hasta tu siguiente comida.
Si quieres apoyo personalizado, no dudes en contactar conmigo. ¡Estaré encantada de ayudarte!
