No me gustan las verduras… ¿Seguro?
¿Cuántas veces has dicho que no te gusta algo y ni siquiera lo has probado? Ay, si las verduras fueran como el alcohol… cuántas comería la gente. Porque ¿A cuántas personas les gusta el primer trago de cerveza? Y sin embargo, con eso sí que te dicen “sigue probando, porque le acabas pillando el gusto”.
Bueno, dejando un poco de lado esto del alcohol, muchas veces con las verduras las pruebas una vez (incluso siendo pequeño, en el comedor escolar, por ejemplo) y ya entran en tu saco de “cosas que no me gustan” y no hay forma de sacarlas de ahí.
Me gustaría hacer varios apuntes respecto a esto:
- Hay muchísimas verduras, de diferentes tipos, sabores, colores y texturas. No te tienen por qué gustar todas, pero no englobes todas en el mismo grupo.
- Podemos cocinarlas de formas súper variadas que cambian la textura, e incluso el sabor. Podemos añadirles especias, salsas, combinarlas con distintos alimentos, mezclarlas con otros que te gusten.
- Hay verduras y verduras. Escógelas en su punto justo. Me encuentro a muchas personas que dicen por ejemplo: “no me gustan las zanahorias; las compro para intentar comerlas pero no hay manera”. Y resulta que las dejan abandonadas en la nevera y solo las comen cuando ya están arrugadas y han perdido todo su sabor y textura. Pasa lo mismo con la fruta; si solo la comes cuando ya está para echarse a perder (o por el contrario cuando está super verde pues no es lo mismo que si la tomas en el punto justo de maduración.
Dicho esto, me voy a centrar en los dos primeros puntos, que suelen ser los más habituales.
Si te pregunto ¿qué es para ti una verdura? Te dejo pensar unos segundos 😉
Seguro que estás pensando en estas preparaciones: alubias verdes cocidas con patata, puré de calabacín, ensalada de lechuga y tomate y brócoli hervido.

¿Y que pasa con todas estas otras? Cebolla, berenjena, pimientos, zanahoria, puerro, espinacas, alcachofas, coles, rábano, pepino, ajo…
Y si nos centramos en la forma de prepararlas pues no será lo mismo un hervido (sobre todo si lo dejamos más tiempo del necesario, en el que las verduras pierden su turgencia y, muchas veces, sabor), que un salteado, parrilla, horneado, frito… El sabor puede cambiar ¡Y MUCHO!
Yo siempre pongo mi propio ejemplo: el brócoli hervido lo ODIO (es que me dan hasta arcadas solo de pensarlo), sin embargo si lo salteo o lo cocino en la freidora de aire/horno ME ENCANTA. Es que pasamos del odio al amor en10 minutos (literal).
Del mismo modo, no es lo mismo comerte un plato solo de brócoli hervido (aburrido, soso, sin apenas sabor) que hacerte un arroz con cebolla, pimiento, calabacín y brócoli. En los dos casos estás comiendo brócoli pero el plato ha cambiado enormemente.

Siguiendo con la forma de cocinado, las especias siempre serán nuestras mejores amigas. Prueba a añadirle especias o hierbas a tus alimentos y verás como mejora el sabor, lo haces más apetecible y, encima, reduces tu consumo de sal (4 por 1). Y de nuevo, hay miles de condimentos que podemos usar en la cocina: ajo, perejil, orégano, albahaca, pimentón, curry, pimienta, comino, jengibre… Prueba y me cuentas 😊
Así que la próxima vez que digas “no me gusta el X verdura” (cuando solo lo has probado 1 día en el comedor escolar un plato de brócoli hervido, por ejemplo), anímate a cambiar el cocinado y verás que diferencia.
No obstante, si una verdura ya la has probado de tropecientas formas diferentes y no hay manera de que te guste, olvídate de ella. No te tienen que gustar todas, solo intenta comer otras. ¡Ya hemos visto todas las que hay!
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